lunes, 8 de mayo de 2017

¿Qué valorar?

Esta es una primera cuestión importante, qué debemos valorar en el marco de la intervención social, en este caso domiciliaria. Tengamos en cuenta que en general nos referimos a personas mayores, ya jubiladas, por lo que algunas cuestiones como la laboral aquí no son relevantes.
El engranaje de la intervención comienza por conocer la situación, con la recogida de información. ¿Qué información debemos tener en cuenta?, ¿qué partes hay que mirar?.
Una de las dificultades de un instrumento de medida que trata de valorar una situación social es que incluye un alto componente subjetivo que surge de la relación entre el observador y la realidad observada a la que atribuimos una puntuación acordada, en la que, además, existe la realidad percibida y vivida de la persona observada que tiene un componente real dentro de la posible irrealidad. 
El profesor Pérez Juste en el informe Ábaco (2011; 23), apunta que algunas cuestiones precisan de “apreciaciones personales de las personas implicadas. Toda apreciación tiene un carácter subjetivo, y de ahí sus limitaciones, pero en ocasiones no existe otra información más adecuada y relevante”. Según se describe una situación se prescribe una forma de actuar. Comprender el modelo de organización personal en torno a las preguntas: QUÉ, POR QUÉ, CÓMO y PARA QUÉ, permite profundizar y descubrir dinamismos vitales que marcan una vida. Esto exige instrumentos que nos ayuden a comprender la realidad, la naturaleza, las razones y propósitos de los fenómenos observados y a partir de ahí investigar o explorar en busca de explicaciones que relaciones los POR QUÉs y PARA QUÉs, permitiendo analizar los cómo y trabajando otras alternativas.
En términos generales lo relaciono con valorar la su eficacia, su fortaleza social de la persona en su entorno domiciliario como contraposición a la vulnerabilidad social. Entendida como la disponibilidad y desempeño de habilidades para resolver situaciones de manera aceptable (para el sujeto y su contexto social). Con una salud o adherencia a los tratamientos que le permiten llevar una vida cotidiana con independencia y autonomía. En su familia mantienen buenas relaciones y se apoyan mutuamente. Tiene una red social e interacciona con el entorno, participando habitualmente de la vida comunitaria. Cuenta con vivienda en buenas condiciones de habitabilidad, equipamiento suficiente, en un entorno cuidado y con accesibilidad a los servicios. Posee ingresos razonables con los que puede mantener un adecuado equilibrio entre gastos e ingresos. Recibe o es capaz de proporcionarse los cuidados suficientes para mantener una adecuada calidad de vida.
Es desde aquí donde podemos empezar a trabajar y buscar qué ítems y variables definen la fortaleza social.

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