miércoles, 28 de febrero de 2018

El fin justifica los medios, un ejemplo "raro" de intervención. Hay que intentarlo


La creatividad y la adaptación a situaciones cambiantes es una máxima en la intervención social. Innovación dinámica.

Desde hace algunos años atendemos desde el Servicio de Atención a Domicilio (en adelante SAD)  a María y a José, dos nombres ficticios ligados a mi origen cristiano.

Hace ya años que superaron los 80 años, la cuarta edad. Ella, algo más joven padece deterioro cognitivo que nadie se atreve a nombrar pero es compatible con varios. Cuando no te diriges a ella, y sigues observándola, ella con un leve movimiento de cabeza hacia delante y atrás repite la misma palabra como un mantra inacabable: “aquí, aquí, aquí,…..” como queriendo dejar claro su preferencia de mantenerse en su casa, la que tantos esfuerzos les costo a ambos.

La saturación del SAD en mi Mancomunidad y en el resto de servicios, limita las horas de atención no a las 2 diarias tradicionales, sino a las que marca la Resoluciónde 13 de julio de 2012, de la Secretaría de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, por la que se publica el Acuerdo del Consejo Territorial del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia para la mejora del sistema para la autonomía y atención a la dependencia. 

Sin embargo, ni las 70 horas mensuales que garantiza está resolución pasan de ser un simple apoyo complementario a una estructura de cuidados más amplia y continua, normalmente garantizada por la familia, aunque incluya la contratación de otros apoyos (internas, personas por horas, Centros de Día, etc).

El matrimonio vive en una zona rural donde no es sencillo disponer de apoyos formales que presten los cuidados y menos con un mínimo de formación. La enfermedad de María la hace ser especialmente desconfiada, máxime cuando ve como una “extraña” se mete en el baño a solas con su marido, luego lo ducha y, para colmo, le baja los pantalones varias veces al día enredándole por la entrepierna….

Desde luego esto no es lo que parece. Os cuento.


La familia de María y José vive a unos 50 km. Han contratado varias personas que complemente la atención del SAD y los cuidados que ellos mismos prestan por turnos. A todas las rechazó salvo a las Trabajadoras Familiares y otra persona que introdujimos a través del Empleo Social Protegido y que María identificaba con el Servicio Social.

Teniendo en cuenta estos antecedentes, junto con la familia acordamos que en la nueva contratación las dos primeras semanas fuera junto a la Trabajadora Familiar con el mismo horario y funciones. Fui a presentarla como una nueva compañera del SAD que iba a ampliar la atención ligándolo a la reciente valoración de la situación de dependencia y a la ayuda económica a personas dependientes para que permanezcan en su domicilio y apoyo a las personas cuidadoras. Después se comenzó a quedar hasta la hora de comer y un rato por las noches. María, enferma pero no tonta, le pregunta: “tú por qué no tienes bata cómo las otras”. Valorado el tema en el equipo del SAD, y a petición de la familia, prestamos una bata a la "nueva compañera". En una alarde de dramatización fui al domicilio cuando estaba ella y se la entregue al grito de “por fin han llegado las batas, aquí tienes la tuya”.

No obstante todavía estamos en el proceso de aceptación. No está siendo sencillo pese a trabajar al unisono SSB, Centro de Salud (derivación a centro especializado -ingreso temporal-), Familia y Persona Contratada. Estamos en pleno proceso, si no culmina con éxito  mucho me temo  que la opción siguiente será la salida del domicilio.

Esto lo relaciono con un artículo que he leído recientemente donde señala que 
“... existen límites en las posibilidades de la intervención social para subvertir las condiciones de pobreza, exclusión y desprotección con las que trabajamos...”  (Montagud , 2018;162).
 Por muy buen planteamiento de intervención que hagamos en un caso no somos infalibles.
¿Alguna propuesta alternativa?

Montagud Mayor, X. (2018). Sobre los límites de la intervención de los servicios sociales. Cuadernos de Trabajo Social, 31(1), 153-164.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Tres distinciones que ayudan a solucionar problemas sociales

“Para conseguir una imagen con volumen son necesarios dos puntos de vista”.

El otro día viendo un documental escuche está frase en boca de una mujer. Inmediatamente lo relacione con la idea de codiagnóstico. Sin entrar en grandes distinciones académicas, más propias de un artículo científico que de un blog, lo entiendo como un encuentro entre dos personas para explorar un realidad donde detectar las dificultades, problemas y limitaciones que pudieran estar operando en ella.

Al hablar de dificultades me refiero a aquellas cuestiones de contenido relacionadas con el qué hacer. Si tenemos que asear a una persona con movilidad reducida tendremos que desarrollar algo de fuerza y técnica para una movilización adecuada que nos permita atender y cuidarnos. O valorar la compra de ayudas técnicas. Las dificultades requieren de un esfuerzo personal para superarlas.



Los problemas surgen cuando no basta con un esfuerzo extra para resolver una dificultad, o cuando no podemos identificarla. Necesitamos cambiar lo que estamos haciendo y tratar de descubrir cómo lo estamos haciendo. Detectar qué nos impide llegar a un desempeño adecuado, a una solución, a resolver una dificultad concreta. En mi despacho tengo una pizarra donde apunto los problemas, esas cuestiones complejas donde no está claro que hay que hacer y es preciso reflexionar cómo explorar la realidad hasta descubrir qué podemos resolver. El proceso nunca suele ser inferior a un mes y ha llegado a durar hasta nueve.

El siguiente vídeo, un poco chapuzas, ilustra de manera simple la estructura de problema:



Las limitaciones tienen que ver con esos “techos de cristal” que nos autoimponemos, o con expectativas que no existen en el mundo real y que tienen que ver con nuestro diálogo interno. Con negar nuestra capacidad y lo que realmente es posible, aunque sea poco probable.



Estas estructuras de carencia podemos identificarlas en la valoración social, en ese encuentro donde compartir nuestra visión del mundo con quien tenemos junto a nosotros. Se trata de poner encima de la mesa, en sentido metafórico, de hacerlas conscientes para llegar a describirlas y convertirlas en dificultad, en algo sobre lo que poder intervenir.

Sin embargo, hemos de notar que no es suficiente con identificar las carencias.

Es imprescindible conocer las potencialidades como capacidades donde apoyar la intervención para resolverlas, si es posible con los recursos existentes. 


Como dijo Arquímedes “dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”, un tanto pretencioso, pero a nivel micro adquiere un sentido realista y posibilista en el sentido de apoyar nuestra intervención sobre una base que permita alcanzar los objetivos.


Por ello es fundamental la valoración social integral, completa. Esa tecnología que nos permite investigar con la persona cómo es su situación social general, su calidad de vida (en otra entrada hablaremos de las dimensiones que la conforman). Ese encuentro en la visita domiciliaria, o en la entrevista en profundidad. En la observación del otro en su contexto, comprendiendo el sentido que le otorga y, si es posible, incluyendo otras alternativas, otros sentidos posibles, otros elementos a tener a en cuenta. Aquí la integralidad, además de a la valoración holística se refiere también a incluir causas y consecuencias probables.

A partir de esa idea general podemos priorizar, bien desde la urgencia, desde el acuerdo, o simplemente de la posibilidad de cambio real. Esto sólo es posible de la descripción precisa de la dificultad una vez identificada.

Por lo tanto son fundamentales instrumentos de valoración social y diagnóstico, pero debemos ir más allá, aplicarlos a la intervención y la evaluación para ver la evolución del caso.

¿Conoces instrumentos de valoración social que quieras compartir?


RAZONES Y PROPÓSITOS DE LA INTERVENCIÓN SOCIAL O CÓMO ENCONTRAR EL NORTE CON DOS PREGUNTAS

Preparando una sesión en la UPNA para alumnas de 1º de Trabajo Social sobre la pregunta ¿qué hace una Trabajadora Social? Introduzco es...